Aquél que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son solamente astrónomos activos.
miércoles, diciembre 01, 2010
jueves, octubre 07, 2010
¿Qué puedo hacer para retenerte?
Te ofrezco las magras calles, los atardeceres desesperados, la luna de los ásperos suburbios.
Te ofrezco la amargura de quien ha mirado largamente la solitaria luna.
Te ofrezco a mis ancentros, a mis muertos, los fantasmas que otros hombres vivos honraron en mármol.
Te ofrezco cualquier cosa que en mis libros se pueda guardar, cualquier acto de valentía o alegría en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de quien nunca ha sido leal.
Te ofrezco esa esencia mía que, de alguna forma, he salvado -esa que no comercia con palabras, ni trafica con sueños, y que permanece intacta ante el tiempo, las alegrías y las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista en un atardecer, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones sobre ti, teorías sobre ti, auténticas y sorprendentes noticias sobre ti.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón;
Intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.
Te ofrezco las magras calles, los atardeceres desesperados, la luna de los ásperos suburbios.
Te ofrezco la amargura de quien ha mirado largamente la solitaria luna.
Te ofrezco a mis ancentros, a mis muertos, los fantasmas que otros hombres vivos honraron en mármol.
Te ofrezco cualquier cosa que en mis libros se pueda guardar, cualquier acto de valentía o alegría en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de quien nunca ha sido leal.
Te ofrezco esa esencia mía que, de alguna forma, he salvado -esa que no comercia con palabras, ni trafica con sueños, y que permanece intacta ante el tiempo, las alegrías y las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista en un atardecer, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones sobre ti, teorías sobre ti, auténticas y sorprendentes noticias sobre ti.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón;
Intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.
martes, septiembre 07, 2010
Así como es la mejor gente, no la peor, la que más sufre de remordimientos de conciencia, así también es en nuestros mejores momentos cuando más amargamente sentimos lo bueno que no somos. Si yo fuese de una naturaleza diferente de lo que amo y admiro, podría disfrutar con tranquilidad de ánimo eso que amo y admiro, lo mismo que si se tratara de cualquier otro objeto bello y valioso que jamás pudiera haber sido producido por mí. Pero cuando más próximo estoy de sentir alguna semejanza con el ser que lo es todo para mí en este mundo, o cuando hago el mayor esfuerzo por corresponder con mi amor al amor y a la bondad que él muestra hacia mí...
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